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dimecres, 9 de juliol de 2014

Fez - Fès - فـاس. Descubriendo los curtidores

Uno de los principales atractivos de la ciudad de Fez son sus curtidores, lugares donde los trabajadores tratan y tiñen las pieles tal y como se hacía en la edad media. Hay cuatro repartidos por toda la medina, pero sin duda el más conocido y visitado es el de Chouwara.







Aunque los curtidores se encuentran en el corazón del laberinto, no es difícil llegar hasta ellos; decenas de jóvenes y niños por las calles os querrán llevar. Mi consejo es, por esta vez, hacedles caso y dejaros guiar. De otra manera va a ser complicado poder llegar a los curtidores sin perderse y además, poder verlos desde un lugar privilegiado en las alturas.






Nada es gratis en esta vida, así que tened por seguro que el chico que os intente llevar hasta los curtidores trabajará para una de las tiendas que vende las pieles, o se llevarán una pequeña comisión por llevaros hasta allí. Más o menos, el modus operandi es el siguiente: os llamarán la atención por la calle intentando llevaros a toda costa hasta el lugar. Cuanto antes aceptéis que estáis perdidos y que es mejor que os lleven, mejor, antes os dejarán tranquilos. Haréis una pequeña carrera por el laberinto, hasta que os dejen delante de la puerta de una tienda, diciendo que podéis subir a la azotea para poder ver los curtidores desde arriba (no se pueden ver si no es desde lo alto).

Cuando aceptéis, el muchacho en cuestión estará esperando su propina (atención que no les sirve cualquier cosa, la cantidad de dinero tiene que ser de su agrado) y la persona que lleva la tienda de artesanía de la piel estará esperando para deciros que podéis subir de manera gratuita al tejado, con la condición de que cuando marchéis echéis un vistazo a la tienda para ver si hay algún artículo que os gusta. No hay obligación de comprar. Mentira y de las gordas, como veremos más adelante.





A medida que uno se va acercando a los calles colindantes a los curtidores, el olor se va volviendo más fuerte, una mezcla de olor a animales y heces, un poco nauseabundo. Con un poco de suerte, en la tienda donde entremos nos darán unas hojas de menta para colocar debajo de la nariz, cosa que no nos pasó a nosotros. Aún así, tampoco es indispensable; el olor es muy desagradable pero desde los balcones no llega en todo su esplendor.



El espectáculo que observamos es muy curioso: centenares de cubículos llenos de líquidos de colores y decenas de hombres adentrados hasta la cintura, tratando las pieles en ellos. Turistas haciendo fotos desde las alturas, y pieles ya teñidas colgadas al sol en las paredes de las tiendas, esperando para ser convertidas en bolsos o zapatos por los artesanos.

El método de producción siempre es el mismo: una vez arrancadas las pieles de los animales, se dejan varios días metidos en cal y excrementos de paloma, para que se reblandezcan. Más tarde, se acaba de quitar el pelo que haya quedado y se procede a tintar la piel. Una vez acabado el proceso, se deja secar la piel en la pared.




Una vez acabada la visita y bajando las escaleras de la tienda de artesanía, los vendedores insisten bastante en que mires los productos, pero es casi imposible irse sin comprar nada, aunque nada te convenza. Empieza entonces el insistente juego del regateo, que puede llegar a convertirse en muy pesado y con enfado por ambas partes. Mi consejo es: nunca hagáis enfadar a un vendedor o a una persona que os tiene que guiar hacia algún sitio, no vale la pena que te monten un número por culpa de unos cuantos dirhams.



2 comentaris:

M. Teresa ha dit...

Una completa entrada! Estoy de acuerdo contigo, es muy pesado llevarles la contraria y debes asumir que sí o sí algo te sacarán. Acabé comprando un cinturón a precio de oro que jamás me lo he puesto porqué después de varios años todavía huele fatal.
En fin, un pequeñísimo inconveniente si lo comparamos con las satisfacciones que te da la Medina de Fez.

Una abraçada

Elisabet R. Luján ha dit...

M Teresa, gràcies per passar! :)

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